Historia de María-Capitulo I
Maria fue nacida una tarde de verano de mediados del siglo pasado, del amor muy reciente de una pareja de mayores con 37 años,sí, sí mayores porque aún en los años 50 y 60 si a los 23/24 años no te habías casado y no tenias 2 o 3 churumbeles ya te quedabas para vestir Santos.
En la bella ciudad mediterránea los días pasaban felizmente para ella, era una niña deseada y muy querida por sus progenitores, risueña, dicen que lista y muy pronto empezó a andar. Su madre y ella iban a buscar al padre a su llegada del trabajo y los tres regresaban felices a casa. Cuando Maria se despertaba se ponía de pié en su cuna y empezaba a tirarlo todo al suelo, su madre a carcajadas venia a sacarle de allí antes de que tirase hasta el colchón.
Pero la alegría no duro mucho, a sus 11 meses, una mañana Maria se despertó pero no se movió, su madre preocupada porque se le caía cuando quería ponerle de pie y tenia mucha fiebre, le llevó al medico quien le dijo que había sido contaminada, como tantos otros niños, por el virus de la poliomielitis y sus padres creyeron morir.
El padre se sentaba a la verita de la cuna y lloraba maldiciéndose miles de veces por haber aceptado aquel puesto de trabajo en la costa en vez de quedarse en la Capital donde seguramente no le hubiese ocurrido nada a María.
Por su lado la madre lloraba desconsoladamente, bajito, muy bajito, para que nadie le viese, preguntándole a Dios una y otra vez qué es lo que había hecho ella de tan tan malo para merecer ese castigo.
El caso es que cada uno por su lado se sentía culpable de lo que le había ocurrido a su tesoro, pero no lo hablaban entre ellos.
Pasaban los meses y Maria incapacitada totalmente no hacia progresos. De un día para otro Papa y Mama decidieron irse a la Capital a ver si allí los médicos encontraban remedio. Cogieron el atillo, a su niña y en un tren correo llegaron a la Capital tras tres días de arduo viaje.
Llegados a la Capital, se instalaron en una habitación que les alquilo una paisana en su piso, lanzándose en busca de trabajo.
Antonio, que así se llamaba el padre, se armó de valor yendo a visitar a sus padres para pedirles ayuda pues llegaba la Navidad y no tenían qué llevarse a la boca. Su madre pertenecía a una familia manchega bien acomodada, propietaria de viñedos. Su marido la tenia completamente anulada y puesto que era un avaro, tan solo le permitió darle a su hijo un bol de garbanzos para cenar en nochebuena (los abuelos de Maria nunca vieron con buenos ojos esa unión y ni siquiera hicieron intento de conocer a la criatura)…
Continuará….






























